Decía Coco Chanel que una mujer que se corta el pelo está a punto de cambiar su vida. En esas estaba la princesa Diana cuando, en 1990, aceptó posar ante el objetivo del prestigioso fotógrafo Patrick Demarchelier en una sesión que pasaría a la historia y que publicó la edición británica de Vogue. Mientras su matrimonio con el príncipe Carlos hacía aguas ante el mundo entero, Diana comenzó su propia transformación. Había dejado atrás sus prendas aniñadas de estampados naíf y colores pastel pero le faltaba algo para coronar la imagen que encajara con su nuevo espíritu, más independiente y más moderno.

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